domingo, 4 de septiembre de 2016

"VARONA / CANTOS A OLECRAM" DE MÓNICA MONTERO FERNÁNDEZ:

MODOS DE SER OTRA Y SER LA MISMA





Varona y Cantos a Olecram
Poesía, Mónica Montero F.
Ediciones Segismundo, 2016
(Juan Carlos Barroux editor)
Portada: Sir Octavio
Fotografías: Caty Montero

Presentación: 

Leonidas Rubio
 1 de septiembre, 2016
Casa del Escritor, Simpson 7, Santiago, Sociedad de Escritores 
de Chile, SECH.





De der. a izq: Mónica Montero; Leonidas Rubio; Juan Carlos Barroux.





























Reseña bibliográfica:

Mónica Montero Fernández nace en Santiago en 1966. Es poeta, narradora y gestora cultural de dilatada labor en producción de eventos artísticos y literarios. Participó en la revista de poesía Safo, pionera en la difusión de poesía escrita por mujeres. Desde el año 2009, después de un largo silencio voluntario, ha decidido reinventarse a partir de su oficio de escritora. El año 2010 funda la Revista literaria La Otra Costilla, homónima a su editorial emergente, de la cual es directora en la actualidad. Ha sido incluida en antologías "que no conoce nadie" según su propio decir. El 2014 fue gestora del Encuentro de Escritores Incluyamos Chile que durante 3 días reunió a alrededor de 30 poetas y escritores de distintos puntos de Chile en lecturas públicas en San Bernardo y Santiago.

Ha publicado:

"Varona", poemas, Primeros Pasos Ediciones, 2009.
"A corta distancia", cuentos, Editorial Segismundo, 2014.

Ha obtenido las siguientes distinciones:

2009: 2° lugar del Premio Municipal de Literatura de San Bernardo
2012: 2° lugar en el Premio Municipal de Literatura de San Bernardo por "Varona"
2012: 1er  lugar del Concurso Literario Manuel Rojas con el cuento "Marga".
2014: 1er lugar del Premio Municipal de San Bernardo con el poemario “Cantos                                 para el olvido”, inédito.
2015: 2° lugar del Premio Municipal de San Bernardo con el cuento "Ellos".
2016: 1a Mención Honrosa del Premio Municipal de San Bernardo por su libro de                 cuentos "A Corta Distancia".

"Varona y Cantos a Olecram" (Editorial Segismundo, 2016) es su segundo libro de poesía y corresponde a una re-edición corregida y aumentada de "Varona" del 2009.




I

"Varona" es el registro de una convivencia con el ser mujer, como si su identidad de tal estuviese amenazada por un observador al que se interpela en segunda persona, que puede ser un Dios Creador o un co-habitante imperativo en un espacio primitivo, de carácter tribal. El título es canónico: "Y dijo Adán: ésta es ahora hueso de mis huesos, y carne de mi carne; ella será llamada Varona, porque del varón fue tomada." (Génesis 2:23). No obstante sólo la versión de Biblia Reina Valera conserva esta traducción etimológica del texto griego. Las casi industriales ediciones modernas de la biblia sustituyen "varona" por "mujer". 

¿Y qué de peculiar tiene la expresión "varona"? Para empezar es un arcaísmo, una deducción fonética del concepto masculino. Por lo tanto es inespecífico, subsidiario del sentido de su raíz lingüística. El texto bíblico dice que la mujer-varona fue hecha de una costilla del primer hombre. Obviamente no tiene sentido, es una metáfora de algo que en la época de escritura de esa obra literaria llamada Génesis (aproximadamente 10 siglos antes de la era cristiana) ya tenía un sentido difuso, basado en tradiciones orales, arcanos, hábitos tribales, mitos. Mónica Montero en cuanto poeta, acepta la tradición judeo-cristiana enmarcante de la cultura occidental. Se sabe asimilada por ésta en un proceso de sincretismo socializador, por lo tanto no la aborda desde la fe sino desde la intranquilidad de conciencia. Si la matriz de la cultura occidental es el judeo-cristianismo, en ella debe estar la clave de la postergación que ha afectado a la condición de ser mujer, ello suponiendo que la relegación al plano doméstico, el privilegio de influencia en la primera educación de los hijos, la dependencia económica en el marco del matrimonio tradicional pequeño-burgués (dicho en un sentido histórico: período post feudal y pre-industrial, siglo XVII), suponiendo, digo, que todo esto sea una postergación. En otro intento de indagación de esta fuente de origen de la domesticación del ser femenino, la autora ha consignado como "La otra costilla" a su empeño editorial y a su revista de divulgación motriz de labor creativa de mujer, donde el género femenino no es una condición excluyente de sus publicados. Si una costilla es el origen de la primera "varona", ¿cuál es la otra costilla? De vuelta al mito judeo-cristiano occidental, se observa que en el Génesis se dice: "Creó, pues, Dios al hombre a su imagen; a imagen de Dios lo creó; varón y mujer los creó", (Génesis 1:23). Por lo tanto la creación de ambos sexos es simultánea, a partir del barro. Esta primera mujer paralela y no súbdita del primer hombre es, sería, Lilith. Según la leyenda, ésta habría abandonado al primer hombre y luego de eso se produce la extraña generación por ósmosis de otra mujer a partir de una costilla: la bíblica Eva. Lilith, la primera mujer, se presenta en las leyendas como desafiante, rebelde, provocadora. Es reacia a copular en postura horizontal por ejemplo, ya que no admite estar debajo, dado que ambos fueron creados del mismo elemento. Definitivamente Lilith no es creada de ninguna costilla pero el modo de emplazarla es desde allí: su condición de otra alzada e indócil. En estricta atención a la leyenda en cambio, nos encontramos una paradoja: la verdadera "otra costilla", no es Lilith sino Eva.

En "Varona" hay una hablante que ejerce estados o ánimos en niveles de habla, más propiamente que códigos, si bien convoca fuentes de tono discursivo diverso: son temperamentos expresivos. Estos temperamentos pueden sondearse a través de lo que yo llamaría "predominios" de intensidad. Es decir dominios previos, atmósferas discursivas o incluso tonos modales, como se aplica en la música. De estas tonalidades expresivas distingo las siguientes prevalencias:

1.- Lenguaje coloquial en las metonimias del cuerpo, particularmente desde la condición de desangramiento periódico del organismo de mujer y su consiguiente resurrección cíclica. La fecundidad es un juego de alto costo: "Los niños asilados al seno, / el cuento / de un río rojo que te nace y te muere.". Presenta la segunda persona retórica para connotarse a sí misma en un intento de sintetizar el lenguaje con el curso de la sangre: "Amo al verbo / cuando se abre camino / entre los muslos". Ese lenguaje desangrado tiene como contrapartida el silencio que es la cicatrización del lenguaje: "Hay lugares que son silencio, / que dicen / un parto de voces / encadenadas al manojo de alalia, / tumbadas boca abajo.". Esa "alalia" en "manojos" viene a ser una palabra aspirada a flor de labio, en la pérdida del habla que pasa a ser su signo. Por otra parte la "alalia" reafirma la condición del lenguaje situado en lo corporal a nivel de órganos vocales, en tanto la "afasia" se finca en lo psíquico-mental. Ambas condiciones de trastorno expresivo son entendidas como lesiones. Pero los manojos referidos por la hablante son floraciones, es decir, mecanismos del cortejo a la vez que de la expresión vocal: están boca abajo, es decir son estigmas de la boca o transparencias de la vocalización. La pluralidad de sentidos está indicada por el uso del singular: es un manojo floral, por tanto lo componen varias flores (sería un manojo de "alalias"), sin embargo indica una sola como si dijéramos "un manojo de clavel". Desde esta lesión del habla es que todo el proyecto se torna un esfuerzo por plasmar "Mortales silencios que viven enlenguando migajas y sus palomas".

2.- El uso insistente del vocativo hacia un "Señor" que parece tener el don de asignar culpas. La hablante no se quiere "ésa" que sabe ser, pues se quiere "otra", pero asume que cuando niega, también confiesa. Es decir, niega admitiendo: "Que no sea yo, señor, la del espejo / una estampa descolorida / entre libros mustios.". Hay una historia que ha quedado atrás y como todo episodio vencido implica una muerte, una caída: "Todo el vacío / que llevas en tus ojos / culpa de mi beso / vagabundo. / Que no sea.". Este ardid busca transferir la carga de la voluntad expresiva al interpelado: un Señor bíblico, doméstico, amatorio que es el reconocido patriarca de estas escrituras. Sumado al predominio anterior tenemos que el cuerpo se transforma en registro y su poética pasa a ser escritura sagrada o ritualizada en un cuerpo profanando. Es decir que las sagradas escrituras de esta Varona se vuelven las profanas escrituras de su condición de otra.

3.- Tendencia a esclarecer una tensión entre los espacios de acción. Así el espacio abierto es opresivo y contrasta con el espacio cerrado que es lúdico o íntimo. Todo es claroscuro, casi góticamente entristecido, pero en la tristeza del espacio cerrado se puede transitar con cierto reconocimiento del lugar y del ser, es decir el habitante y el habitado. En los espacios abiertos en cambio predomina la amenaza: el mar, el sitio eriazo, la población, el barrio, incluso el patio, son lugares donde se experimenta con la vulnerabilidad. El mar, por ejemplo, es una dimensión de aguas seductoras pero amenazantes, como la libertad que condujo a ellas: "muero en los ramos / deshojando soles, / maldiciendo el mar,"; "Soy / la loba en su madriguera de odio, / un grano de arena / en esta playa amarga."; "el diminuto oleaje de arenas,". De continuo, alternando con los movimientos territoriales y corporales, se renuncia a la filiación de un tiempo, un lugar y una estirpe en la que se vivió señalada, emplazada. Se deja atrás "aquella casa pintada de siesta (...) esos improvisados padres". No hay reconciliación, no hay alianza en estas líneas. El sitio público y popular en esta poética es el terreno del narco, la pandilla, el abandono, el hambre, la explotación, el cansancio, etc. La esperanza está puesta en lo uterino: el antro de protección. Hay un reclamo por la intimidad, por el cobijo, por el refugio y hay una evidencia de voluntad de enclaustramiento. Este predominio tonal se muestra como agorafóbico, sociópata y escéptico de la convivencia humana. Prefiere el desgaste de la vida interior pero a la vez reclama un nuevo canon: la prevalencia del útero es su identificación con el ser mujer pero ya no en cuanto hembra sino en cuanto Varona. Es una voz que tiende tímidamente hacia un matriarcado pero no se realiza con expresión política. No cae en la obviedad demandante aunque no evita cierta obviedad declarativa. Es una voz dialogante que quiere realizarse afectivamente y que reacciona a partir de esa intuición o insinuación de una plenitud frustrada. Por eso se repliega. Se resiste a la exposición. 

4.- La reescritura de los mitos tenidos por sagrados, reclamando una religión de sacrificios para consignar la identidad de un cuerpo sacudido, recuperado de la muerte, sonámbulo o cataléptico. Se es "Lázara", se es "Job", pero se es también la parrandera, la que hace ruido en la noche y recibe un piedrazo en un foco antes de continuar la fiesta. Aquí se representa un sujeto popular y poblacional que contrasta con un habla devota. Es un predominio que alterna entre lo sacro y lo profano de manera mutante, con desasosiego de rebelión germinal pero sobre todo, de reafirmación lírica, que aspira a la sacralización. Este tono de parodia religiosa confirma el modo de tensión de espacios antes señalado, puesto que cuando hay fiesta en la casa -que es el antro, la caverna mágica, el útero-, los vecinos agreden, apedrean, es decir, lapidan. Las piedras vienen desde afuera, es decir el espacio abierto amenazante y caen sobre el techo: el espacio cerrado que es el cuerpo amenazado. Por otra parte la intertextualidad con el código religioso aparece problematizada desde una identidad de género en conflicto. Desde el umbral del libro se instala esta tensión:


"Varón sería muy poco 
para esta sensación de Dios
que llevo dentro."

¿Y por qué no es una "sensación de diosa"? ¿Y por qué este Dios emblemático debe ir con mayúscula?

5.- La medición de fuerza entre un erotismo engañoso y un erotismo engañado. Este tópico presenta una hablante despechada, con un erotismo ejercitado a través de la trampa como estrategia de apoderamiento. Es la secuencia más lírica del conjunto, con un amplio repertorio de formas para nombrar el amor, los celos, el deseo, la manipulación, la extorsión sexual, el remordimiento, la venganza, la victimización, la insatisfacción, la pérdida de lucidez propia de las relaciones articuladas en base al control del cuerpo, entiéndase, la pareja convencional. Esto dicho sin desconocer que el juego del sometimiento puede ser parte de una acción voluntaria de articulación erótica entre dos personas. De tal manera que en este pasaje del libro la sumisión y el despecho, la sujeción, la provocación y el dominio adquieren dimensiones más atávicas, menos elaboradas físicamente -en cuanto al lenguaje corporal implícito en el libro- pero más complejas psíquicamente. Aquí la "varona" no se pretende libre pero tampoco duda en sublimar su dependencia con fantasías místicas. La posesión del cuerpo deseado es similar a la adoración sacramental. Hay un tono vallejiano en esta tonalidad, la más perdurable dentro de este largo discurso de búsquedas: "llueve y me lluevo y te llueves / esperando la muerte y sus lluvias. / Algo simula el miedo y sus hijos / y no es cierto. Hasta el miedo está lloviendo.". Vallejiano y barroco, articulado líricamente, con ritmos galopantes y figuras plásticas. Es su conexión con la cultura universal y las poéticas más históricas. 

6.- El tópico de la mortalidad con rasgos de expresión complementaria entre lo elegíaco y lo tanático. Las insinuaciones van reescribiendo la historia a partir de la relación con la muerte, con alusiones suicidas, instrumentos de suicidio, duelos, exequias de parientes y amigos, muertos-vivos e imágenes funerarias para referir estos ausentes sin género ni lugar preciso, ni siquiera especie, ya que eventualmente ocurre que "Loba y lobeznos resuman colores de luto.". El libro se cierra liberado de sus nudos pero no de sus miedos.

II

Mención aparte merece el corpus poético de "Cantos a Olecram", incorporado y casi diríamos transustanciado en "Varona". "Olecram" es un anagrama o casi palíndromo de "Marcelo": personaje fantasmal, visceral y urgente cuyo hábitat son las orillas de una ciudad que es territorio emplazado -sexual y socialmente-, con una voz sitiada de la que procede este registro sobreviviente en el margen. En "Olecram" el nudo tensional está al centro, en tanto el poder -lo "a salvo", lo seguro, lo confiable- termina siendo lo verdaderamente marginal y lo afanosamente frágil. En estos cantos lo sanguíneamente precario es lo único estable. 

Los "Cantos" empiezan a hilvanarse a partir de la sección N° 3 del libro, donde irrumpen con sus ciclos Primero ("Llueve") y Segundo ("Eterno") en tanto el Tercero es el llamado "Cantos para el olvido". Este aparece justo antes de la sección IV y transcurre durante toda la sección V del esquema general del libro. De manera tal que el Cuarto Canto es "Cantos a Olecram" propiamente tal y corresponde a la parte VI de Varona. Este puzzle caprichoso de numeraciones y capítulos va desestructurando el libro y cruzándolo de resonancias multidireccionales, no lineales, como un mensaje matemático en clave. Así el libro se transforma en una especie de plano, o "modelo para armar", cuyas partes se invitan a la dispersión tanto como a la significación mutua. 

Deteniéndonos en el Cuarto Canto de Varona, esto es el "Canto a Olecram", tenemos que este Marcelo al revés es interpelado por una hablante-hermana de sangre que hace su penitencia en la reconstrucción de la pérdida, objetualizando al sujeto Olecram a través de un ejercicio de culpa, de duelo, de nostalgia y de protesta. Así el Canto se va volviendo carta, monólogo, plegaria: "Ven por mí, / ven y acúsame de algo". El interpelado es un poco suicida, víctima, héroe, cartonero, cuidador de autos, mendigo, hermano, narco, pastero, imagen votiva, imagen repudiada, esperanza anti-profética, mal presagio, enigma y a la vez evidencia: 


"Que ya no te sueño
es cierto,
pero intenta cargar esta cruz
y verás cómo se resbalan los huesos."

Así la elegía se vuelve también resentimiento y resignación. Se evade hacia el sueño y se va humanizando, simplificando e infantilizando hacia el final con la promesa falsa o el juego-fantasía de un encuentro en otras dimensiones:

"Se despedirá urgido, 
nervioso ante mi insistencia 
de llamarlo Olecram.
Lanzará antes 
una mirada de lástima
a la pobre vieja loca."

En la última década han proliferado los textos que suponen un lenguaje o un origen o una filiación periférica, ya sea desde lo social o desde lo sexual. La mayor parte, si no todos, proceden de poetas con formación académica, con compromisos predecibles en militancias de izquierda que los acomodan en ambientes políticamente correctos de cierto esnobismo centralista y convencionalmente "progre". Es relevante que muchas de estas propuestas marca registrada proceden de núcleos universitarios ideologizados, en especial de universidades privadas de nombres vinosos. El libro de Mónica Montero no pertenece allí, así como tampoco le pertenece a ese mundo de rebeliones envasadas todo aquello que sí pertenece a la vida verdadera, visceral, genital, poderosamente integral y cotidiana y que no se reconoce en esos nichos de lo consagrado. La materia poética y humana que contiene el libro de Mónica Montero es precisamente lo que "bajan" a buscar los intelectuales. Está crudo, está desnudo, está palpitante. Tiene imperfecciones (con puntuación, sin puntuación, con métrica, sin métrica), asimetrías, cicatrices del habla y del recuerdo, porque paralelamente es ese cuerpo no ideal, no elaborado, de carne y hueso, con el que no tenemos más remedio que convivir y con el único que contamos cuando amamos, engendramos o morimos sin alternativa.


En una entrevista que le hice el año 2014 para mi blog http://malafepiedranegra.blogspot.cl/ , esta autora me respondió lo siguiente a la pregunta ¿Cuáles son tus proyectos literarios personales y actuales y qué significa para ti el oficio de escribir?:

"No tengo muy claro por qué o para qué escribo, es algo más profundo que un oficio o un trabajo. A veces creo escribir solo para mí, otras veces creo que necesito divulgar un discurso. He pensado que escribo para no salir a matar gente, o para no matarme. La poesía me salva, me purifica y me hace sentir viva."

Así se define esta mujer que asegura no saber "Qué significa carisma" en tanto ella es su mejor definición, emprendedora y sedienta de realizaciones veraces: dejar huellas. 

En la dirección que se mueva, ahora en adelante, este libro bautizado con una palabra profética y un nombre al revés, será su cruz, su estigma y su corona.


L. R.
Curicó, escrito en agosto, 2016



Junto al Pro-Secretario de la Sociedad de Escritores de Chile, 
SECH, Sr. Alfredo Lavergne













Mónica Montero F. 











1 comentario:

lila dijo...

Muy buen trabajo, leonidas, saludos.