sábado, 12 de noviembre de 2016

PROVERBIOS DEL CIELO Y EL INFIERNO

William Blake
(Inglaterra; 1757-1827)


Fin de Jerusalem; Blake
Nabucodonosor; Blake

Newton; Blake 


Selección y versión personal del blogger

Conduce tu carro y tu arado sobre los huesos de los muertos.
El camino del exceso conduce al palacio de la sabiduría.
La Prudencia es una vieja solterona rica y fea
cortejada por la Incapacidad.
Aquel que desea pero no actúa en consecuencia,
engendra la peste.

El gusano perdona al arado que lo corta.
Sumerge en el río a aquel que ama el agua.
El necio no ve el mismo árbol que ve el sabio.
La Eternidad está enamorada de las obras del tiempo.
La abeja laboriosa no tiene tiempo para la tristeza.
El reloj cuenta las horas de la necesidad, pero ningún reloj
puede contar las horas de la sabiduría.
Usa número, pesa y medida en un año de escasez.
Ningún pájaro se eleva demasiado alto,
si vuela con sus propias alas.
Un cuerpo muerto no venga las injurias.
Si el necio persistiera en su necedad se volvería sabio.
Villanía, máscara de la astucia. Pudor, máscara del orgullo.
Las prisiones están construidas con piedras de la Ley,
los burdeles con piedras de la Religión.

Exceso de pena, ríe. Exceso de alegría, llora.
El rugido de los leones, el aullido de los lobos,
la cólera del mar tempestuoso y la espada destructora
son porciones de eternidad demasiado grandes
para el ojo humano.

La alegría, fecunda; el dolor da a luz.
Evidencia de hoy, imaginación de ayer.
La rata, la zorra y el conejo cuidan de las raíces;
el león, el tigre, el caballo, el elefante, de los frutos.
La cisterna contiene; la fuente rebosa.
Un solo pensamiento llena la inmensidad.
Mantente alerta a decir siempre tu opinión,
y el ruin te evitará.
Todo lo creíble es una apariencia de la verdad.
Nunca perdió más tiempo el águila
que cuando escuchó las lecciones del cuervo.
Los tigres de la cólera son más sabios
que los caballos del saber.
Del agua estancada no esperes más que veneno.

Nunca sabrás cuánto es suficiente si no llegas a saber
cuánto es más que suficiente.


Blake, por Thomas Phillips

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