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"BETONIYÖ", DISTOPÍA ADOLESCENTE Y EL FRACASO DE LA BELLEZA

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jueves, 27 de abril de 2017

LA CAÍDA FINAL DE UN DEMAGOGO DE LA POESÍA: SU INMINENTE ASCENSO


En un remedo de ensayo más cercano a un linchamiento elegante, Raúl Zurita (en adelante Z, de zapallo) dice "la razón por la que me opongo a Borges es porque hace sentir inteligente a los que lo leen". Yo tendría que comenzar esta nota diciendo "la razón por la que me opongo a Z es porque hace sentir buenos a quienes lo leen". Pero no es sólo eso. Por más que me agrade cometer "reduccionismos pequeño-burgueses" (para usar esa retórica actual, digamos, de apenas 300 años), no puedo permitirme eso. Mi descrédito por Z es más profundo. Se remonta a los principios.



Pero ¿cuáles son los principios de Z? Para empezar, Z es un sujeto con delirio mesiánico, un fanático religioso. Se trazó a sí mismo un itinerario autoprofético parodiado de los mitos judeo-cristianos y una especie de escolástica neo-barroca, un maniqueísmo post-medieval que eligió como influencia a Dante. En uno de sus capítulos más sonados hincó también el diente en la cultura pop, entrando a saco en la retórica del, no sé cómo llamarle, cantautor digamos, Allen Zimmerman (en adelante Z.b). Sobre el plagio de Z a Z.b no hace falta abundar más allá de lo pesquisado por José-Christian Páez en un artículo de 1993 que le costó el ostracismo al perito. El artículo original y sus conexiones pueden rastrearse desde acá: http://www.bibliotecanacionaldigital.cl/bnd/628/w3-article-197637.html. Esto le hace fácil la réplica a Z en todo caso. Esa y todas las veces se defiende con soberbia, con encono crístico, con virulencia mesiánica: "no respondo la mediocridad de los buscadores de plagio", dice. 



Z no da puntada sin hilo. Los poemas de "Anteparaíso" que esgrimen estructuras paródicas de canciones (¿canciones?) de Z.b no son casuales si pensamos que detrás de la figura original se esconde el componente de otro mesianismo aplastante: el hebreo y el yanqui, dos aristas de una síntesis perfecta que confluye hacia el marxismo moderno en su vereda más oportunista: denigrar el capitalismo pero usufructuarlo, erigirse en pueblo elegido, victimizarse o declararse amenazado para autoproclamarse líder moral, la agresión como legítima defensa, etc. Para su empresa de escribir en el cielo con aviones a chorro elige Nueva York y no Berlín o Moscú como podría esperarse. Por cierto él sabe que las sociedades libres son las más indicadas para llevar a cabo proyectos liberales (valga la…), con financiamiento privado que redunden en auspiciadores, en marcas registradas, en onerosos contratos de edición. Y de paso quebrar las lanzas contra el capitalismo, por supuesto. Entre la élite académica hispanoamericana no hay mejor negocio.

Las redes de Z son frondosas y serpenteantes: el gobierno de transición democrática lo auspicia para su agenda personal en Italia vía Agregaduría Cultural de la Embajada. Paralelamente las emprende en el desierto de Atacama para otro de sus proyectos megalómanos esta vez a costa de Bienes Nacionales de uso público: escribir una frase auto-rizada en su re-invención del Dante. Luego de la hazaña se agencia el cargo de (prepárese paciente lector) "Asesor cultural del ministro de Obras Públicas en lo referente a los trazados de la ruta costera y ruta peatonal precordillerana". Por cierto ejerce el cargo en tanto Ricardo Lagos es ministro de OOPP. El resto de la historia es sabida por todos. En realidad todo esto, ni hablar, más aburrido que un libro suyo. ¿Cuándo en la historia de Chile se había escrito peor poesía que los "poemas militantes"? El regreso a la expresión más básica, a la figura retórica burda, a la intencionalidad obvia, al panfleto, a la consigna de campaña, al repertorio lingüístico más paupérrimo, al coloquialismo impostado, clonación de hipérboles adjetivadas hasta el cansancio. ¿Resultado?: el Premio Nacional de Literatura. ¿Cuál es su estrategia? Lo repito: hacer sentir buenos a quienes lo leen, hacerlos sentir víctimas de los canallas poderosos y proclamar un ecumenismo como vía de escape a la alienación.

En mi generación le decíamos ba-surita. Pero poco después del año 2000 se perdió esa costumbre por temor reverencial. La promoción del 2000 emplumó, le salió vello púbico a sus ambiciones y buscó un protector. Por su parte Z necesitaba terreno nuevo donde plantar banderas: se transformó en el apoderado a través de una antología que rastrilló un poco más atrás y un poco más adelante para hacer lo que hacen los mesiánicos: inventar líneas de tiempo, apostolar. La mayor creación de Z es la generación del 2000, la consagración del ripio. Eso alentó a su vez al apóstol a soltar más la mano, cada vez más ripioso, cada vez más mesiánico, cada vez más de lo mismo. Empezó a cultivar un deliberado aspecto entre vagabundo y rabino. Los otros empezaron a egresar y a formar sus emprendimientos laborales: hijos y padres a la vez de un nuevo modelo de hacer poesía: la que posa de marginal pero se consagra en las redes, en la academia, en las eternas editoriales emergentes, en los jurados, en los partidos políticos, en la performance chamullenta, en el ruido. Los poetas del magister en no sé qué y el ph en lo que sea, de la hípica literaria, del diplomado en gestión editorial, de la industria cultural, de la "creación de audiencias", de la "visibilización de los oprimidos" en un país autoficcionado que se ampara en la sociología de izquierda y las emprende contra todo lo que los hace florecer: el patriarcado, el mercado, la oligarquía (sic), el diario El Mercurio, etc. La lección del maestro se aplica: apostolar, ripiar, plagiar, apatotarse. Esto ya pasó antes en Chile con Neruda (en adelante N). Y seguirá pasando. Cuando Z recibió el premio con el nombre del gurú mayor de la poesía demagógica, dijo: "la poesía es la voz del pueblo aunque nadie la lea". Es evidente que la relación entre eso y una superstición va más allá de la posible paráfrasis: "Dios existe aunque nadie lo vea". Hablamos de un razonamiento religioso, un dogma de fe. (ver enlace http://malafepiedranegra.blogspot.cl/2014/07/para-ser-bacalao-hay-que-tener-mucho.html).

Proliferan los laureles. En una nueva antología de más de lo mismo se lee un exordio inconfundible: "Las otras [virtudes] exceden, hasta cierto punto, lo literario y tienen que ver con su inconmensurable generosidad, su compromiso con los más desposeídos y necesitados, su ética irrestricta y su férrea voluntad en la transformación de un Chile más justo, más creativo, por ende, más humano”. A juntar miedo. ¿Esta gente de verdad se cree "buena"? Todo indica que sí: esta gente de verdad se cree buena, solidaria, nobles almas, salvadores de la patria, voz de los desposeídos.

Z es el poeta oficial del Estado desde hace 20 años, desde que un mamotreto insufrible suyo fue lanzado por José Joaquín Brunner (sí, el mismo del falso currículum), entonces Ministro de no me acuerdo qué cosa.

El capítulo más reciente de Z es firmar por el Partido Comunista de Chile. Por supuesto el asunto tiene sus antecedentes. Ya Z tuvo la ignominia de concurrir a Cuba el año 2006 para recibir el Premio José Lezama Lima de manos de un régimen que le hizo la vida imposible a José Lezama Lima.

Z dice que "El PC no necesita fingir ser revolucionario, porque ES [blabla]. El PC no necesita fingir que es la clase trabajadora porque ES… [blabla]. No hace falta debatirlo. Estamos frente a un razonamiento que reviste el carácter de conversión religiosa. Hablamos del mismo PC que se mantiene incondicional de 2 de las peores dictaduras totalitarias y dinásticas del mundo (por cierto, no las únicas): Cuba y Corea del Norte. Después de sus vericuetos políticos por el centro, Z recala en un partido que representa el dogma inspirador de las matanzas más multitudinarias de la historia: 100 millones de muertos por crímenes de lesa humanidad según el libro del historiador francés Stephane Courtois "El libro Negro del comunismo; una reflexión para la humanidad", París, 1997. Más allá de todos los fracasos e incuantificables atropellos a la dignidad humana a escala planetaria, el comunismo en su versión chilena se mueve en la actualidad con agudo olfato oportunista dentro del poder oficial. Se ven reforzados por la persecución de la que fueron objeto durante el régimen militar. Su propio proceso de militarización de la política es un tema que hay que indagar en puntillas porque han cernido el silencio sobre sus rastros. Reconocen el estalinismo a partir de sus propias leyendas: cierto congreso, cierto mea culpa y cierto reacomodo posterior a la muerte de Stalin: más que suficiente. Es otro razonamiento de espaldas a la realidad, similar a las historias proféticas que se cuentan en las sectas. Para el que está dentro sumido en la burbuja es muy difícil recibir el aire fresco de afuera. En la literatura chilena muchos lo hicieron, pero ninguno con tanto valor como Roberto Ampuero. Me remito a él mismo. Si los derechos humanos no tuviesen un doble estándar, los partidos comunistas del mundo debieran ser tan impresentables como los partidos neo-nazis y un saludo con el puño en alto debiera ser tan aborrecido como un saludo con la palma alzada. Pero no sólo existen los PC en todo el mundo, sino que también niegan y refutan los crímenes de sus gobiernos y partidos. El "negacionismo" está tipificado como delito en Europa en lo referido a los crímenes de guerra del nazismo. No existe el mismo concepto para los crímenes del comunismo. Antes bien, defienden orgullosamente su leyenda autoficcionada y se acrecientan sus filas con "artistas e intelectuales" de todo el mundo, como Z en Chile.



(Si el lector quiere ahondar en la verdad histórica sobre el comunismo puede descargar el libro de Courtois en el siguiente enlace: http://www.mediafire.com/file/q7b194i2thub61p/el_libro_negro_del_comunismo.pdf. Si desea continuar el ejercicio y ver cómo funcionan los discursos negadores de izquierda, puede consultar el siguiente enlace a modo de ejemplo: http://danielbensaid.org/Una-respuesta-al-Libro-negro-del?lang=fr).



Hay una tradición mesiánica en la poesía moderna, por cierto, particularmente desde la poesía anglosajona, de matriz luterana, antes que desde la latina. Este componente puede rastrearse en su forma más cercana en el tiempo en la poesía de Whitman, no tanto en lo que le hace admirable sino en lo que resulta insoportable de este poeta. De todos modos su antecedente no es ecuménico sino anarco-ocultista y finca raíces más bien en Blake. Pero todo esto es mucho decir. Engrandecería demasiado los pobres ripios de Z. Lo que impera en la poesía de Z es más bien un "mesianismo" a secas. Todas sus palabras y sus páginas -muchas de ellas llenas de genio- redundan, rematan en la intención de mostrarse como... -ya lo he dicho- el rostro del nuevo Gólgota de la solidaridad humana.

Con el mesianismo la poesía, digamos, la literatura, retrocede, pierde, se empequeñece. Lo que avanza es el fanatismo, esa locura no genial, esa locura fulera, de santón, de gurú, de conciencia blanqueada, de manos frotadas con cepillo, de latigazo en la espalda y piedra en el pecho, de mejilla quemada para ser exacto, de INRI. Hago notar en este punto que mi queja no se dirige a las supuestas performances corporales de Z (supuestas porque en realidad son simulaciones casi sin testigos) sino a su obra escrita y a la ideología que lo inspira. Con su cuerpo -tan horrible como su espíritu, Rimbaud dixit- que haga lo que quiera. Después del teatro de la crueldad de Antonin Artaud o el suicidio de Mishima es muy poco lo que se puede agregar al cuerpo en lo concerniente a la relación arte/vida. Todo lo demás son remedos. Entonces aparece la defensa: "es que se no se trata de obra sino de compromiso total". De ahí para adelante vamos de nuevo: prédica moral, actos-autos de fe.

Con Z la poesía chilena ha retrocedido al siglo pasado: es poesía de la guerra fría, del pacto de Varsovia, de muro de Berlín, de mural mexicano, declamatoria, ampulosa, de plan quinquenal, de hormigón armado. En este punto incluso podemos admitir que no pocos pasajes de la poesía temprana de Z y muchos menos pero también abundantes de su poesía de madurez y prematura senilidad son gloriosos, con una carga potente de psiquismo, historia individual y arquetipos (que es lo único interesante que podría ofrecer la poesía), pero desde ya anunciado en el caramelo envenenado del mesianismo, el falsete humanitario y ahora literalmente el comunismo, todo logro está viciado. Nada puede ser más peligroso que alguien que se cree bueno y más encima militante de su pretendida bondad. Hay una tradición comunista-maniqueísta en Chile en todo caso y eso explica que se considere un himno a la vida una canción que dice "cuando miro al bueno tan lejos del malo". Aún hoy a los "buenos" les gusta el aserto de Pepe Stalin: "Si nuestros principios no están de acuerdo con la realidad, peor para la realidad". ¡A juntar más pena y más miedo!

Desde N, la poesía chilena nunca había caído tan bajo como con Z. Y habrá más. Hasta puede que reciba el Nobel, como Z.b, como N. No sería de extrañar que un día Z sea canonizado.

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