domingo, 30 de abril de 2017

POESÍA DE RODRIGO GONZÁLEZ LANGLOIS



Rodrigo González Langlois nació en Curicó de Chile, en 1975. Es Virgo. Por su lado materno está emparentado con el severo crítico que alzó y dejó caer nombres en la poesía chilena bajo el alias de Ignacio Valente. Rodrigo no le es heredero ni por eclesiástica ni por académica influencia, pero le gusta firmar con el patronímico completo.


Hasta la fecha la única publicación de Rodrigo González Langlois es un manojo de poemas autoeditados el 2001 junto a Américo Reyes bajo el rótulo de Antología Secreta y las hipotéticas Ediciones CAUM. Allí aparecen 5 poemas de R G-L bajo el nombre sumatorio de "El tiempo es una cuestión de tiempo". En la actualidad prepara un volumen bajo el anunciado título de NUBES PÚRPURAS SOBRE LA MESA en los que probablemente su secreta antología personal aparecerá reformulada.

La poesía de R G-L es un logrado balance de inteligencia emocional. Sabe distribuir rítmicamente las palabras en cuanto objetos de sentido y sonido. Administra con tino las figuras retóricas que le hacen pertinente un tono coloquial y trascendental que no teme las profundidades ni evade las superficies significativas del devenir cotidiano. Es poesía fresca y genuina, ligeramente declarativa, con matices de ironía y lucidez parecidas a la elocuencia de la primera etapa de una borrachera, cuando las cosas se ven claras justo antes de confundirse en sus multiplicidades abrumadoras. 

En una ciudad donde circula demasiado personaje anodino con pose de poeta y sin poesía, Rodrigo ha sido un auténtico poeta sin asomo de pose. La poesía lo sobrepasa y lo desborda, a pesar de sí mismo.

***

ME HAGO CARGO
Rodrigo González Langlois


Lo irreparable es el hastío.
G. Rojas


Detrás de una circunferencia,
Debe haber alguien escapando.

Leo a Girondo y advierto
Que los días pasaron sin importarles mi presencia
Bajo ninguna circunstancia adscribo a la política
Ni a la gran farsa de escaleras y bufetes.

Mi mano se queja en la noche de tanta soledad
Y no es mi cuerpo sino el cuerpo que no encuentro
El que debiera estar feliz.

Ninguna forma se parece a otra
Por iguales que sean.

Emulo grandes conciertos en mi cabeza
Objetando los compases de una manera
En que sólo un lego podría hacerlo
O la sinfonía del Silencio
Que emana de estatuas llenas de voces
A las que no le han hecho boca
Ni pareciera importarles tenerla
O la mirada de los perros fracasados
Que orinan al estilo de las prostitutas ebrias
Que bien pueden alterar la mañana y el rumbo 
de quien a prisa decidió vagar por la resolana del olvido.

A veces vuelvo a lo cotidiano
Sin querer estoy mirando los edificios 
Que se incendian en el mediodía
Los techos rojos de las casas
Y mi cuerpo huye de la ráfaga del viento 
Que azota las fachadas continuas 
Mientras llueve
Como si del mundo nada se supiera.

También se puede vivir así 
Adhiriendo a lo inadvertido
Fielmente puedo hacerme cargo

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