lunes, 17 de abril de 2017

TRADICIÓN DE LA LICANTROPÍA EN LA POESÍA CHILENA


En Chile existe una tradición poética licantrópica nada despreciable. A mi juicio se remonta a la influencia de la poesía francesa, especialmente el tremendismo de Lautréamont, en los colectivos vanguardistas chilenos de los años 30 y 40. Es así que el tópico de la melancolía -o el esplín baudeleriano- va consolidando un lenguaje oscurantista, de culto a lo fúnebre, marcadamente post-romántico, tanto dentro de una línea de la poesía surrealista chilena -el grupo Mandrágora- como dentro del más informal grupo de lealtades rokhianas. El signo está marcado tempranamente desde esos versos del todavía jesuítico Carlos Díaz Loyola: "enemigo total aúllo por los barrios"… etc, cánidos inclusos.

Dentro de este último grupo destaca Mahfúd Massis, si bien su componente gótico procede más bien del mundo árabe y egipcio con el que se identifica: el Annubis, el cristianismo copto, esenio, la Esfinge, el panteísmo, los ritos fúnebres de Oriente o el Libro Egipcio de los Muertos. No es menos cierto que este tono de expresión empieza a hacerse ligeramente uniforme entre los cultores de la llamada "poesía negra" y pasa a verse como un tópico y una suerte de nuevo pintoresquismo, algo como una retórica del malditismo, sin por eso desmerecer la expresión del citado Massis, así como de Boris Calderón, otro de ese cenáculo, coronado y talvez sobredimensionado por su propia leyenda. Así los títulos de Massis y Calderón son inequívocos: "Elegía bajo la tierra" (1955); "Leyendas del Cristo Negro" (1967); "Este modo de morir" (1988) del primero; "Estío en la materia" (1954); "Libro de los Adioses" (1956) del segundo.


El dualismo panteísta sigue esbozando una tradición licantrópica en la poesía chilena a través de Manuel Silva Acevedo y su poema extenso "Lobos y ovejas" de alcances más cercanos a la fábula psicológica e incluso política, con un arquetipo-hablante oveja que toma la identidad de su opuesto, el lobo o loba. Del punto de vista lírico la construcción de un relato mítico, el repertorio de simbolismos y el uso del ritmo, hacen de este conjunto un punto de referencia insoslayable, mucho más orgánico que sus antecesores oscurantistas. En ese sentido se deja ver un proceso inversamente proporcional: la poesía funeraria, neo-gótica de los surrealistas chilenos y los oscurantistas de la línea De Rokha-Mandrágora-Massis-Calderón va recurriendo a lo declamatorio, incluso lo impostado en la misma medida que quieren -intentan- expresar un drama psíquico más profundo. De ese modo se ponen en la línea de expresión inaugurada por Cantos de Maldoror sin articular un lenguaje autónomo de esa tradición. Por otra parte el libro de Silva Acevedo se propone definir una conducta y registrar un dualismo universal más polisémico y su lenguaje es más espontáneo, casi coloquial, con técnicas del todo inscritas en la poética moderna, dando una definitiva vuelta de página dentro de la tradición neo-gótica de la poesía chilena.


El tópico del lobo y el dualismo reaparece marginalmente en Efraín Barquero y en otros poetas de producción más actual, en pleno desarrollo, como Alexis Figueroa y Marina Arrate. Pero el tercer gran hito dentro de esto que vengo llamando un poco dramáticamente "tradición licantrópica" de la poesía chilena -que podría ser llamada también "poesía lunar" o "poesía lunática"-, está dado sin duda por la poética de Tomás Harris (1956), en especial su libro "Lobo" (2007). Allí la poesía chilena se engarza ya de manera frontal con la tradición licantrópica occidental haciendo explícito en el argumento, en los micro-relatos paralelos, en las referencias intertextuales y en el lenguaje una identificación tópica de continuidad con la leyenda. 

También se puede citar como referencia de la tradición literaria chilena la edición local del libro "Historia de los Hombres Lobos" (2015) de Jorge Fondebrider, cuya edición original es del 2004, Argentina, bajo el título de "Licantropía. Historias de hombres Lobo en Occidente".

Es inevitable que cualquier intento creativo actual en este tema dialogue con los anteriores. Pero también es inevitable que el desarrollo del mito se vaya enriqueciendo. El recuento de precursores es tanto una retribución como una reafirmación y una invitación a la aventura propia. 



Descargar "Lobos y Ovejas" de Manuel Silva Acevedo:















2 comentarios:

equipo tunguska dijo...

Buen texto. Ud siempre tiene temas y miradas especiales.

Leonidas Rubio dijo...

gracias equipo misterioso